domingo, 22 de junio de 2014

MUSEO NACIONAL DE ARQUITECTURA- Presencia del exilio español en la arquitectura mexicana


21 de Junio de 2014 

Museo Nacional de Arquitectura- Último piso en el majestuoso Palacio de Bellas Artes, digna y deliberadamente escrito con mayúsculas. 

Accedí al Palacio francamente sin mucha ilusión de encontrar la elegancia que, hasta hace poco tiempo, no había sido capaz de apreciar claramente. Me dirigí hacia el destino que ya he aclarado. Minutos después, me hallaba en frente de un gran contenido textual que conformaba una exposición visiblemente opaca. No dejándome engañar por la portada que se me presentaba, decidí continuar mi poco planeada visita, permitiéndome distraerme un poco con la maravillosa fastuosidad de la arquitectura que el inmueble porta orgullosamente.
Me encontraba un poco agobiado de hambre y de una ligera molestia debido al aguacero del que había sido testigo infortunadamente presencial un par de horas más temprano. Yo me sentía más atraído hacia la palabra "exilio" que hacia todo lo que tenía que ver con la arquitectura que se presentaba. 
En fin, me encontraba leyendo algunas biografías de autores cuyas obras y proyectos vería a continuación, cuando me detuve a leer una biografía del conocido Félix Candela. Miraba yo la fotografía de aquel personaje, un poco intrigado de lo poco que parecía corresponder su arquitectura a su rostro, que daba la impresión de ser de forma cuadrada en aquella desafortunada fotografía de un joven arquitecto, cuando una dama de avanzada edad le comenta a un caballero que rondaba sus mismas primaveras: "Mira: éste es el arquitecto con el que yo estuve trabajando varios años. Esta es la reforma que le ayudé a realizar en aquellos años. No te comenté que se quedaría con el crédito?", el caballero no parecía muy interesado en lo que pude deducir que era un repetitivo comentario de su pareja. Me acerqué con el mismo interés que había mostrado aquel caballero de cabellos entrecanos, pero con una ilusión de que podría ser alguien que tuviera algo que decirme. Me disculpé por mi intromisión y le pedí que me confirmara lo que yo había escuchado, de forma discretamente atenta. Cuando ella me confirmó lo que yo ya había escuchado, me comentó que debería preguntarle a su marido si se me ofrecía, porque suele tener información más valiosa, siendo de profesión arquitecto, al igual que ella.

No me hacía ilusión andar detrás de un señor preguntando tonterías, como un párvulo que tira del pantalón de su abuelo para saber el porqué de otra cosa que olvidará cinco minutos después, así que decidí continuar mi camino en la exposición, algo arrepentido de la incomodidad que a uno le da por tener cuando hace un intercambio de palabras con una extraña sin mayor importancia, pero que ahora habría una absurda distracción en esa persona. Continué mi camino, y noté que una visiblemente insoportable señora le preguntaba a aquel caballero de cuerpo ligeramente encorvado pero claramente digno, cosas habituales entre dos personas que se conocen por amigos en común.

Cuando me encontraba apreciando una maqueta del Polifórum Siqueiros, del arquitecto Mikelajáuregui observé que, la mujer a la que había saludado, estaba tomándole fotos al caballero frente a una lámina de presentación. No presté mucha atención y seguí con mi investigación del sitio. Me sorprendió que, cuando terminaron su pequeña sesión de fotos, el arquitecto me tocó el hombro y me explicó que, la lámina que sirvió de fondo para una foto cualquiera, eran en realidad, láminas que hablaban de la obra de él mismo, cuyo nombre es Juan Artigas. Más animado por la inesperada intervención del caballero en mi trayectoria por la exposición, decidí echar un ojo a la obra de aquel:

Todos sus libros parecían tratar de temas relacionados con remodelaciones a inmuebles antiguos e importantes. Me sentí obligado a hablar un poco con él, así que regresé a donde había iniciado la exposición y busqué su biografía: Nacido en Madrid, su padre fue exiliado en las épocas del régimen de Franco y había obtenido su título por la UNAM en México.

Tomé el mismo elevador que ellos, pero él insistió en que regresara yo y tomara uno de los folletos que se hallaban sobre una mesilla, así que lo hice. Ellos esperaron a que yo
regresara para poder poner en marcha el elevador y yo me dispuse a intercambiar un par de palabras con este personaje, a quien me sentía poco culpable de no conocer. Hablamos cinco minutos sobre la flexibilidad de la arquitectura, si es que se le puede llamar así, puesto que no había edad para comenzar ni para terminar de hacer arquitectura. Cuando llegamos a la planta baja, decidí no molestar a mi acompañante, me despedí, estrechamos las manos y nos dispusimos a tomar cada quien su camino, recibiendo yo antes un "Muchísimo éxito en tu carrera" que, en situaciones normales me habría sabido a poco pero, para la época de crisis creativa en la que me encuentro, fue un impulso para comenzar por escribir este torpe y demasiado expresivo texto que, con todas las carencias literarias con las que pueda contar, agradezco al lector que haya sido capaz de atender.

-Alejandro Jaimes